twitter facebook

La Resiliencia Espiritual Y El Enfoque Sociológico Del Gueto

Publicado el 10 de mayo de 2015 a las 21:56
por ricardo aquino
Categoria: Bioenergeticas

Por Ricardo Aquino

Entiendo por Resiliencia  a  un proceso que facilita la reinvención, sobrevivencia e incluso la reinserción social y afectiva de las personas. Uno de estos ejemplos es la condición de estrés y brutal impacto de quienes murieron y sobrevivieron al holocausto nazi en guetos (por cierto este 9 de mayo se cumplieron 70 años de la liberación de los últimos e infaustos  campos de concentración). Los super humanos que sobrevivieron y se reinsertaron en el mundo son ejemplo de Resiliencia Espiritual, muchos de ellos según su religión o cosmovisión del mundo trascendieron los conceptos metafísicos y profundizaron en la existencia misma del ser, esto es común a personas que han sobrevivido a sus propios tipos de holocaustos, sobreviviéndolos y referenciándolos como la superación de desafíos propios del espíritu.  

En mis estudios de Coaching de Vida, escogí definir  el término GUETO, y quise saber si el gueto más que un espacio delimitado espacial y geográficamente, pudiese ser también un estado mental o emocional que determina la autorrealización de la persona. En esa búsqueda descubrí que GUETO  no sólo se puede inferir a una delimitación geográfica sino que su significación está relacionada intrínsecamente a la sociedad o grupos sociales expresados en su condición y expresión humana.

Entonces definí Gueto a través de un enfoque de aproximación sociológica como:

Un término utilizado sociológicamente para determinar espacialmente a grupos humanos que infiere una situación de marginación o aislamiento de una comunidad por motivos religiosos, raciales, políticos o culturales. Históricamente se ha afectado a minorías étnicas como la judía, o la afrodescendiente. En grandes urbes se generan guetos para dichos grupos. El término se asocia igual a grupos humanos que tienen objetivos o intereses comunes y que por fuerza deben convivir en espacios delimitados por razones de cualquier índole, ejemplo, religiosos, militares, sectas. En todos los casos se genera un espacio con condiciones y normas específicas que no necesariamente están relacionadas con el común social, sino, que sirven a la estructura del gueto en sí.

Este enfoque lo desarrollé a partir del estudio de tres tesis interesantes -a mi entender- y decididamente interdisciplinarias ya que sus formuladores son profesionales de distintas áreas del saber, como el geógrafo francés  Hervé Vieillard-Baron, el sociólogo Loïc J.D. Wacquant, y la filóloga Begoña Simal González.

De manera que resulta interesante la relación que Vieillard-Baron en su estudio de "Minoría y Aislamiento" realizara sobre el Gueto, a continuación lo citó (lo subrayado es mío) :

"La definición misma de la palabra gueto está cargada de ambigüedades, puesto que abarca varias significaciones que han evolucionado en direcciones incontroladas: un significado asociado a la historia de la deportación de los judíos en el siglo XVI por la Serenísima de Venecia, una significación geográfica, la de barrio cerrado, un significado sociológico que apunta a rendir cuenta de la marginación de un grupo social, una significación política ligada al ostracismo afirmado por el poder dominante contra una categoría de población, y finalmente un significado simbólico relativo al estigma que pesaría sobre un territorio dado y sus habitantes. Por extensiones sucesivas, la palabra gueto remite a una categoría conceptual susceptible de aplicarse no sólo a todo «territorio» enclavado, sino también a toda población que tiende a replegarse sobre sí misma y a vivir según sus reglas internas. Evidentemente, el concepto, operativamente mal determinado desde el punto de vista de su extensión, se conserva muy intuitivo en su intención. Su empleo está destinado a provocar, a producir reacción. En relación con los afectos, el término encierra el objeto designado en representaciones peligrosas por las connotaciones flotantes y peyorativas a las cuales se refiere. Si se atiende dramáticamente a la puesta en escena, la palabra gueto se pone en evidencia particularmente a propósito de los “suburbios” sensibles, condicionados por los juicios realizados desde el exterior".

Sin dudas, Vieillard-Baron expresa  en lo anterior la amplitud de espectro conceptual del Guetto introduciendo formalmente, más allá del sentido geográfico del término, en el comprender que el gueto en sí no es sin quien lo integra o compone, y aún más, sin quien lo confina, segrega o estigmatiza. Se podría estimar una clasificación -o categorización- del área, pero que va mucho más allá, porque implica el sentido de quién está dentro y quién está fuera.

La publicación que hiciera recientemente en la famosa Revista INVI el sociólogo de la Universidad de California, Loïc J.D. Wacquant , y que tiene por título "Tres premisas nocivas en el estudio del gueto norteamericano", racionaliza el positivismo institucional sobre la significancia del Gueto y alerta sobre su banalización conceptual, cito (el subrayado es mío):

"De acuerdo a los orígenes históricos y al uso historiográfico del término, un gueto no es simplemente una entidad topográfica o un conjunto que reúne a familias e individuos de escasos recursos sino que es más bien una forma institucional, una unión espacial de mecanismos de confinamiento y control etnoracial históricamente determinada. En términos de una tipificación ideal, un gueto puede ser descrito como una formación socioespacial reducida que presenta una uniformidad racial y/o cultural determinada por la relegación forzosa de una población “estereotipada negativamente”, como lo fue el caso de los judíos en la Europa medieval o los afroamericanos en los Estados Unidos de hoy, a un “territorio fronterizo” donde esta población desarrolla bajo represión una serie de instituciones paralelas que actúan como sustitutos funcionales o como protección contra las entidades dominantes de la sociedad, duplicando a estas últimas en un nivel incompleto e inferior y manteniendo a quienes confían en tales instituciones paralelas en un estado de dependencia estructural. Visto de otro modo, el gueto es una formación etnoracial que combina e inscribe dentro de la objetividad del espacio y de las instituciones propias del grupo las cuatro “formas elementales” más importantes de dominación racial, a saber, categorización, discriminación, segregación y violencia basada en la exclusión".  

Wacquant es radical en su postura, y se desliga, de la superficialidad a la que ha estado sometido el estudio del Gueto, en donde se ha promovido que es un referente histórico y que hoy no existe, o no con la misma connotación, sin embargo, está aún vigente y mutando con el devenir social, bastaría ver lo que sucede con la vergonzosa situación que enfrenta la Unión Europea en estos momentos con las muertes de miles de inmigrantes africanos que cruzan el mediterráneo escapando de uno de los guetos sociales determinantes del ser humano "el hambre". Situación similar y no menos dramática es el de los inmigrantes centroamericanos a Estados Unidos.  Podría poner un sinnúmero de ejemplos sociológicos del Gueto pasando por el pueblo saharaui, los desplazados sirios e iraquíes, los efectos del estado islámico, el desplazamiento de los Pueblos Indígenas de América o las asimetrías propias del Poder del Estado respecto a los derechos civiles y políticos de los ciudadanos y ciudadanas. Y a propósito de esto último el tema de la cultura de género y la igualdad de oportunidades y acceso a la justicia.

No obstante, me sirve como argumento para el estudio común sobre la RESILIENCIA que es el tema que nos convoca, otra parte del estudio de Wacquant  argumentado desde una de las escuelas de la ecología humana, (un área de especialización que manejo), cito (nuevamente lo subrayado es mío):

"Desde la antigua escuela de ecología humana de Chicago, pasando por los estudios de la crisis urbana de los años 1960, hasta las últimas investigaciones sobre el surgimiento de la llamada “subclase” y sus temibles implicaciones, los analistas dan por establecido el hecho de que el gueto puede ser satisfactoriamente analizado en términos privativos mediante la identificación de sus deficiencias, y las de sus habitantes, y la descripción de cómo (y cuánto) ambas se separan de la sociedad “establecida” al ser medidas de por supuestos estándares de “clase media”. Generalmente, estas categorías de sociedad “establecida” y “clase media” se dejan sin definir con el propósito de expandir sus fronteras y de esta manera hacerlas calzar dentro de necesidades analíticas e ideológicas. Así entonces, el gueto es representado como un lugar de desorden y carencias, un espacio de caos, desviación, anomia y atomización, lleno de comportamientos que ofenden los preceptos de la moralidad y propiedad ya sea mediante excesos (aquellos relacionados con la delincuencia, la sexualidad y la fertilidad) o carencias (como lo es el caso del trabajo, el ahorro y la familia)".

Lo anterior no tiene desperdicio, sobremanera por el hecho de que Wacquant introduce el término "comportamientos" de modo que aparece el sentido conductista de la cosa en estudio, a saber, el Gueto como estructura institucionalizada se comporta, es decir, el Gueto no es en sí algo que se localiza, sino es algo que está dentro de un lugar e interactúa. Aplicando un poco de silogismo sería algo así: El gueto es una expresión de un conjunto de personas; Las personas expresan algo; El gueto se expresa y determina según quien lo constituye (dentro o fuera).

Como complemento, acudo a la catedrática de la Universidad de Oviedo la filóloga Begoña Simal González en su ensayo "El gueto en la nueva narrativa de minorías étnicas: Chinatown en la obra de Fae Myenne ng", en la cual se centra en un enfoque etnológico-societal del gueto denominándolo históricamente como el "fenómeno de la guetoización" y además, definiéndolo igual como una expresión conductual de las personas, al decir que el gueto es "una forma especial de violencia colectiva concretizada en el espacio urbano"; cito a la autora (el subrayado es mío):

"Desde la Antigüedad ha existido el fenómeno de la «guetoización», es decir, la creación de una pequeña ciudad dentro de la gran urbe. Se trata de una coexistencia de comunidades físicamente internas, pero periféricas a nivel de poder y representatividad. También los Estados Unidos de América, nacidos bajo la bandera de la libertad y el respeto de la diferencia, acogieron desde sus primeros tiempos contingentes humanos muy variados: immigrantes centroeuropeos, nórdicos y anglosajones en los primeros tiempos; «indentured laborers» que conmutaban su pena de prisión con este exilio al Nuevo Mundo o pagaban el pasaje con un tipo de servidumbre muy cercana a la esclavitud, como es el caso de las minorías asiáticas; campesinos empobrecidos de los rincones más económicamente deprimidos de Europa (Este y Sur), «reclutados» por agentes con falsas promesas; fugitivos de las guerras y persecuciones de signo religioso y político (por ejemplo, los «pogroms» contra los judíos); esclavos importados del Africa subsahariana ... El gueto se afianzó en los Estados Unidos de América con la masiva emigración de los recién emancipados esclavos del sur a las grandes ciudades industriales del norte y este, en especial Chicago y Nueva York. El Harlem neoyorquino conoció su florecimiento en los «roaring twenties» para caer pronto en el más ignominioso olvido, hasta ser rescatado con los escritores del Civil Rights Movement. En el siglo XX gran parte de las ciudades más pobladas de los Estados Unidos cuentan con guetos o barrios étnicos. En orden demográfico, podemos enumerar las comunidades que se constituyen en guetos de la siguiente forma: primero, las comunidades negras o afroamericanas, cuyo epítome es el Harlem neoyorkino; les siguen los barrios hispanos, mayoritariamente chicanos en el sudoeste, portorriqueños en Nueva York, cubanos en Florida, etc.; posteriormente, guetos asiáticos en California. Esto revela que un gueto es un instrumento sociorganizacional compuesto por cuatro elementos (el estigma, la restricción, el confinamiento espacial y el encasillamiento institucional), que emplea el espacio para reconciliar los dos propósitos antinómicos de la explotación y el ostracismo social. El gueto no es una “área natural” que comparte espacios con la “historia de la migración” (como argumentó Louis Wirth) sino una forma especial de violencia colectiva concretizada en el espacio urbano. Articular el concepto de gueto hace posible desenredar la relación entre la formación de guetos, la pobreza urbana y la segregación, y clarificar las diferencias estructurales y funcionales entre los guetos y los conglomerados urbanos; y también nos permite hacer resaltar el papel del gueto como incubador simbólico y matriz para la producción de una identidad arruinada, y sugiere que debería ser estudiado por analogía con otras instituciones para el confinamiento forzado de grupos desposeídos y deshonrados, como la reservación, el campo de refugiados y la prisión".

Según lo señalado por Simal González, plantea "diferencias estructurales y funcionales entre los guetos y los conglomerados urbanos" de manera que su clasificación puede resultar difusa y compleja motivado a su heterogeneidad ya que su estructuración es fundamentalmente compuesta por caracteres humanos que aún respondiendo a orígenes étnicos definidos tienen estructuras cognitivas diferenciadas y fines distintos, aunque existan fines propios por condición ética, lo que Aristóteles denominara "Naturalismo" que señala que la privación es la desviación del fin que le es natural al fin. El antiguo igual decía que las cosas por naturaleza tienen  cierta normalidad, las cosas por convención siempre pueden variar. De modo que las premisas son relativas. Entonces un gueto se determina por cuanto alguien lo determina.

De manera, que tan heterogéneo como es el gueto en sí, aunque en apariencia es el mismo, igual es la Resiliencia Espiritual, porque aunque se infiera que hay un solo Dios, cada quien lo valoriza y sincretiza bajo su propia percepción  y premisas de vida.

Ricardo Aquino

Mayo, 10/2015.