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La Ciencia De La Resurrección, El Arte De Resurgir

Publicado el 6 de abril de 2015 a las 01:17
por Ricardo Aquino
Categoria: Bioenergeticas

Por Ricardo Aquino.

Al pasar el día de pascua de resurrección queda entender el propósito antropológico de celebrar el retorno a la vida de Jesús como una creencia cristiana, principalmente del mundo occidental. En su gran mayoría la humanidad reconoce que el poder de resucitar no es común a los mortales, sino, que es algo divino. La mitología griega señala a Asclepio o Asclepios (en griego Ἀσκληπιός), -Esculapio para los romanos-, como el DIOS DE LA MEDICINA. El se dedicó al arte de la sanación y se especializó en curar a través de la botánica. Encontró la forma de resucitar a los muertos, tal como en la biblia Jesús lo hiciera con Lázaro. Pero cuando Asclepio resucitó a Hipólito, su padre Zeus lo fulminó con un rayo, ya que estaba violentando <<el misterio de la vida y la muerte>> a través del conocimiento de la resurrección. Sin embargo, la descendencia de Asclepio seguiría el propósito de la curación expresado en Hipócrates descendiente directo de él. 

El hecho de que la resurrección sea algo asociado a lo divino refiere un "misterio", o algo que no está al alcance de cualquiera que se plantee siquiera entenderlo; Jesús en un pasaje biblico trata la resurrección de la hija de Jairo como algo secreto y muy sutil, cuando dice a los padres: "La niña no ha muerto, duerme" (Mc 5 39), y luego "Les recomendó mucho que nadie supiera aquello" (Mc 5, 43).

Pero el misterio de la resurrección se declara como un acto de fe, por ello Jesús le dice a los enviados por Juan Bautista: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva" (Mt 11; Lc 7). Esto hace pensar que Jesús resucitó a muchos más de los tres que aparecen en el Evangelio: Hija de Jairo (Mt 9; Mc 5; Lc 5); Hijo de la viuda de Naim (Lc 7) y; Lázaro (Jn 11).

La muerte de Jesús y su posterior resurrección constituyen un hecho histórico más que religioso, de este hecho surge  la llamada <<doctrina de la salvación>> o soteriología, que establece la redención del género humano (condenado desde el pecado original que pesaba sobre él desde los primeros padres) y abrieron la posibilidad de que cada hombre pudiera también, tras su propia muerte, gozar de la vida eterna en la Gloria. Jesús proclamó <<YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA>> asociando de manera directa el acto de resurrección como una continuaión de vida, mejor como la ratificación de vida y no de la muerte. De modo que el vivir es en sí el resultado de la fe. Pero ¿vivir cómo y buscando qué?

Claramente el cristianismo relaciona a la resurrección después de Cristo como esperanza de salvación del alma, ser salvo y tener vida eterna. San Agustín, dijo <<Sólo es libre el que no puede hacer el mal>>, refiriéndose al vivir una vida santa para merecer la misericordia de Dios, y alcanzar la vida eterna, <<el hombre más libre es aquel que no es esclavo del pecado>> sentencia Agustín. El filósofo medieval habló de dos elementos fundamentales para alcanzar la salvación uno que tenía que ver con la libertad de elección de elegir a Dios, y el otro el amor por Dios, que sugiere una rendición absoluta ante su magnanimidad.

Pero se resucita de la muerte, y qué es la muerte, Agustín nos habla de dos tipos de muerte, una que es la muerte primera la primera separación a partir del pecado original (Adán y Eva), en esta muerte sólo muere el cuerpo en su sentido biológico y el alma queda aún unida a Dios. La segunda muerte refiere a la separación del alma de Dios, quedando desamparada de su misericordia.

Otro de los grandes filósofos cristianos, Santo Tomás de Aquino, describe la salvación y señala la razón de Dios: <<Para la salvación humana fue necesario que, además de las materias filosóficas, cuyo campo analiza la razón humana, hubiera alguna ciencia cuyo criterio fuera lo divino. Y esto es así porque Dios, como fin al que se dirige el hombre, excede la comprensión a la que puede llegar sólo la razón. Dice Isaías 64,4: ¡Dios! Nadie ha visto lo que tienes preparado para los que te aman. Sólo Tú. El fin tiene que ser conocido por el hombre para que hacia Él pueda dirigir su pensar y su obrar. Por eso fue necesario que el hombre, para su salvación, conociera por revelación divina lo que no podía alcanzar por su exclusiva razón humana. Más aún. Lo que de Dios puede comprender la sola razón humana, también precisa la revelación divina, ya que, con la sola razón humana, la verdad de Dios sería conocida por pocos, después de muchos análisis y con resultados plagados de errores. Y, sin embargo, del exacto conocimiento de la verdad de Dios depende la total salvación del hombre, pues en Dios está la salvación. Así, pues, para que la salvación llegara a los hombres de forma más fácil y segura, fue necesario que los hombres fueran instruidos acerca de lo divino, por revelación divina. Por todo ello se deduce la necesidad de que, además de las materias filosóficas, resultado de la razón, hubiera una doctrina sagrada, resultado de la revelación>>.

De modo que Santo Tomás de Aquino, plantea que la única forma para conocer los misterios de Dios es que exista  REVELACIÓN, es la única manera de adquirir el conocimiento divino, dicha revelación fue dada a Jesús, pudiendo dominar su propia existencia, y la resurrección de otras almas y de su propia alma.

Sin embargo, la resurrección como palabra surge del sustantivo latino resurrectĭo, -ōnis; derivado del verbo resurgir (resurrexi, resurrectum -3.ª declinación): levantarse, alzarse, resurgir, renacer, hace referencia a la acción de resucitar, de dar nuevo ser o nueva vida.  Tal como lo señala San Agustín, hasta el mismo sol resucita al amanecer, ya que sucumbe y muere cada noche. Así, es nuestra vida, un constante resurgir, dejar ser y ser de nuevo. Cada día por vivir es una oportunidad de salvación de hacer contacto con el alma con la alegría de vivir. Tenemos el misterio de la felicidad que depende de cada quien, de modo que tu salvación diaria está en función de elecciones primarias de hacer contacto con la vida. En otras entregas analizaremos la leyenda del ave fénix y la capacidad de resiliencia que los humanos tenemos como algo inmanente  a nuestra naturaleza mortal y no divina. Aunque algún día fuimos ángeles y volveremos a serlo según Agustín. Después de todo quien fue rey nunca pierde majestad. Te invito a resucitar cada día y reinventar tu historia, creas o no, no deja de amanecer.

Finalizo este encuentro con la maravillosa letra de la argentina María Elena Walsh  "Como la Cigarra" que inmortalizara la generosa Mercedes Sosa, y que sin dudas refleja el espíritu del resurgir, describe el arte de la resurrección cotidiana:

<<Tantas veces me mataron, tantas veces me morí,  sin embargo estoy aquí  resucitando.  Gracias doy a la desgracia  y a la mano con puñal,  porque me mató tan mal,  y seguí cantando.  Cantando al sol,  como la cigarra,  después de un año bajo la tierra,  igual que sobreviviente  que vuelve de la guerra. Tantas veces me borraron,  tantas desaparecí,  a mi propio entierro fui,  solo y llorando.  Hice un nudo del pañuelo,  pero me olvidé después  que no era la única vez  y seguí cantando. Tantas veces te mataron,  tantas resucitarás  cuántas noches pasarás  desesperando.  Y a la hora del naufragio  y a la de la oscuridad  alguien te rescatará,  para ir cantando>>.

Referencias Bibliográficas:

 Cardona, José A. La doctrina de salvación San Agustín. Seminario Evangélico. Puerto Rico. Junio 1963.

 TOMÁS DE AQUINO, Suma de Teología, I, c. 1, art. 1, trad. de José Martorell, Madrid, B.A.C., 2001.

 SANTA BIBLIA. Versión Reina Valera 95. Sociedades Biblícas Unidas. Brasil, 1995.